El Papa Benedicto XVI se ha despedido de EE.UU. con los deberes hechos, habiendo impulsado la reconciliación en el seno de la Iglesia en el país americano y encomendado a sus pastores esta difícil tarea que ahora comienza. El objetivo es claro: hacer realidad la misión de la Iglesia, que trata de mostrar el amor de Dios hacia el hombre.Cabe destacar el enorme impacto que ha causado su estancia en las ciudades de Washington y Nueva York, donde sus habitantes y los líderes locales han mostrado su apoyo decidido al Pontífice, encabezados por el presidente George W. Bush.
Y es que se ha demostrado que la religión no es algo privado sino que necesariamente es un fenómeno que sale a las calles, se expresa y busca poner en sintonía a los hombres con Dios y a los hombres entre sí. Un ejemplo del que deberemos tomar buena nota en España.



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